CRONICA
DE UNA TORCIDA ANUNCIADA
Por
Nando Silvio.
Noviembre
del 2002
Hace ya tiempo que no salgo de casa por la noche, hace tiempo
que estoy con las pilas puestas, tratando de encender fuego a
la adrenalina; pero siempre hay algo que hacer, algo que se pone
de por medio, una cita por demás cuadrada, una obligación
que efectuar, la responsabilidad de la conciencia, etc. Al final
otro dia sin final, sin terminar de pensar de lo cotidiano del
andar a veces sonánbulo.
El
ajetreo de una vida se dispara descomunal, velóz como una
bala invisible en su trayectoria; solo el impacto se hace notable,
impacto descalzo de una vida trabada de experiencias al azar (exasperada
perturbación a la tanquilidad).
Afuera
calienta un sol flojo sin querer y yo abstraigo en mi conciencia
una y otra véz alrededor de cuatro paredes mudas, llega
la noche fria del norte y continuo reflexionando sobre el quehacer
de los miles de gusanos paranoicos de esta gran Babilonia.
Decidí hacer un alto a tanto bollo y fugarme nuevamente
al encuentro con los sentidos. Encontrarme con una de esas experiencias
locas, como fué en la última torcida; al fin de
cuentas que valor tiene un ajetreo individual, si la conquista
de gloria no existe realmente. Recuerdo la ultima véz en
que me fuí de parranda, fue como siempre suele suceder,
sin querer queriendo (subconcientemente claro esta!!!), el encuentro
casual de unos mamarrachos sin rumbo en la noche razón
suficiente para empezar el desorden; el estimulo fugáz
de una música ligera que abarrota los sentidos embriagando
una sed de alegria a la razón ya ída. Vasos del
demonio alcohol desfilan por unos labios sedientos de accion,
El Dios del reventón se alegra por tal ocación).
Gente viene gente va, los sentidos se alegran al saber que no
solo nosotros sentimos la misma nostalgía en que la musica
nos transporta; abstraccion de necesidad indómita.
Así
es que entre musas heroicas y payasos de cartón se halla
a un condicipulo gemelo, lo cual es condición para viajar
a un cielo inhóspito, donde lo real no existe (si la fortuna
lo quiere), o tal véz a la incitación de quedarte
en permanente pecado.
Así es como la encontré buscando sueños en
un mar de gente, cantando canciones alegres en un mundo casi extraño,
afuera helado. Paraisos extraviados por la inocencia olvidada
en tiempos casi más lejanos. Todas las hojas son del viento,
hoja cautiva que vuela envuelta en su soledad cotidiana; esperando
reposar en un torbellino de paz.
En
esa noche sin sueño le robé un pedazo del corazón,
mientras ella dormía soñando quizás con un
principe feudal.
Quize en sus ojos alcanzar a ver mi alma perdida, solo encontre
la tentacion. Hoja presa, esclava del viento seguira buscando
su paraiso en el mar de gente; mientras yo seguiré también
con mi destino, aferrandome en mis temporales descansos de perdición,
acordandome siempre en cada reposo de mi hurto en esa noche sin
sueño. Todas las hojas son del viento, menos la que halle
en esa noche de reventón.
De
repente ya amanecía, mis pies se sentian tan cansados por
los espasmodicos movimientos de la música, mi mente flaqueaba
revelandose por cada acción pensativa y lo peor es que
mi corazón me delataba. Así terminaba el pecado,
la acción de toda una noche de desfogue; al final por una
parte cansancio total, neuronas decapitadas y esperando solo el
poder encontrarme en mi cama personal; por otra parte renovado
de toda esa fatiga cotidliana, renovado en el alma, satisfecho
por doquier. Ahora lo recuerdo todo y veo que la gloria sí
existe, al menos en esa fugáz noche de torcida, es hora
de salir, tiempo del desfogue, hora de la torcida.